el cielo del afortunado es el infierno del envidioso.
viernes, 15 de febrero de 2019
| Cesar Augusto Escobar Silva |
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jueves, 14 de febrero de 2019
miércoles, 13 de febrero de 2019
Los lobos y las ovejas
Cierta vez los lobos enviaron una embajada a las ovejas, con el deseo de que se acordara la paz entre ellos para todo el futuro. —¿Por qué habríamos de seguir por siempre librando esta mortal lucha? —dijeron los lobos—.
Estos malvados perros son la causa de todo, nos ladran sin cesar y nos provocan. Díganles que se retiren, y ya no habrá obstáculo que impida nuestra eterna paz y amistad. Las tontas ovejas les hicieron caso y despidieron a los perros.
Entonces el rebaño, privado de sus mejores protectores, cayó fácil presa de su traicionero enemigo.
FÁBULAS, ESOPO, SIGLO VI a. C.
viernes, 8 de febrero de 2019
El gran artista y arquitecto barroco Pietro Bernini era muy hábil para detectar potenciales rivales jóvenes y mantenerlos a su sombra. Cierto día, un joven picapedrero, Francesco Borromini, le mostró unos bocetos arquitectónicos. Bernini reconoció de inmediato su talento y lo contrató como asistente. Esto encantó al joven, que recién se iniciaba, pero en realidad era solo una táctica para tenerlo cerca, manipularlo psicológicamente y crearle un complejo de inferioridad. Y, en efecto, a pesar del brillante talento de Borromini, Bernini goza de mayor fama. La estrategia empleada con Borromini fue una práctica que Bernini aplicó toda su vida. Cuando temía que el gran escultor Alessandro Algardi, por ejemplo, eclipsara su fama, se las ingenió para que Algardi solo pudiese conseguir trabajo como asistente suyo. Y cualquier asistente que se rebelara contra Bernini y tratara de imponerse por sí mismo, podía despedirse de su carrera, pues Bernini la arruinaba de manera irremediable.
jueves, 7 de febrero de 2019
Pescado como regalo
A Kung-yi Hsiu, primer ministro de Lu, le gustaba mucho el pescado. Por lo tanto, la gente de toda la comarca, llevaba pescados de regalo. Sin embargo, Kung-yi no quería aceptarlos.
Al ver esto, su hermano menor lo censuró, diciéndole:
—Tanto como te gusta el pescado, ¿por qué no aceptas el pescado que te regalan? Kung-yi Hsiu le contestó:
—Es solo porque me gusta el pescado que no acepté el pescado que me regalaron.
Si acepto el pescado, asumo un compromiso y quedo en deuda con ellos. Una vez que les deba un favor, alguna vez tendré que infringir la ley. Y si infrinjo la ley, seré destituido como primer ministro.
Y una vez destituido de mi cargo, no podré proveerme de pescado. Si, por el contrario, no acepto el pescado de ellos y no me destituyen de mi cargo, siempre podré abastecerme del pescado que quiera.
HAN-FEI-TZU, FILÓSOFO CHINO, SIGLO III a. C.
El avaro
Un avaro, para asegurar su propiedad, vendió todo lo que tenía y lo invirtió en un gran bloque de oro, que escondió en un pozo, en la tierra, que siempre iba a visitar e inspeccionar. Esto despertó la curiosidad de uno de sus obreros, que sospechando que allí había un tesoro escondido, aprovechó un descuido de su amo, fue hasta el lugar y robó el bloque de oro. Cuando el avaro regresó al pozo y lo encontró vacío, lloró y se arrancó los cabellos. Pero un vecino, que lo vio en tan extravagante duelo, tras enterarse de la causa le dijo:
—No te preocupes más. Toma una piedra y colócala en el mismo lugar y haz de cuenta que es tu bloque de oro, pues, ya que no te proponías utilizarlo, tanto te servirá la piedra como el oro.
El valor del dinero no está en su posesión, sino en su uso.
FÁBULAS, ESOPO, SIGLO VI a. C.
Cuando juegue con las emociones de la gente, deberá tener mucho cuidado. Estudie al enemigo de antemano: hay algunos personas que más vale dejar tranquilos.
Los líderes de la ciudad de Tiro, capital de la antigua Fenicia, confiaban en poder resistir los ataques de Alejandro Magno, quien, si bien había conquistado Oriente, no había atacado esa ciudad, ubicada en un punto muy bien protegido, sobre la costa. Enviaron embajadores a Alejandro para advertirle que lo reconocerían como emperador, pero no permitirían que ni él ni sus fuerzas entraran en la ciudad de Tiro. Desde luego, esto enfureció a Alejandro, que de inmediato inició el sitio de la ciudad. Durante cuatro meses Tiro resistió, hasta que al fin Alejandro decidió que el esfuerzo no valía la pena y que trataría de negociar con los tirrenos. Sin embargo, estos sintieron que, después de haber incitado a Alejandro Magno a la acción, habían ganado la partida, de modo que, confiados en que podrían resistir sus embates, se negaron a negociar y hasta mataron a los mensajeros. Tal actitud enfureció a Alejandro. Ya no le importaba cuánto se prolongara el sitio ni cuántas tropas necesitara, tenía recursos suficientes y haría lo que fuera necesario. Preparó un ataque tan fuerte que logró capturar Tiro al cabo de pocos días, incendió la ciudad y vendió como esclavos a los habitantes.
Usted puede provocar a los poderosos y lograr que cedan y negocien, o que dividan sus fuerzas, pero antes analice con quién está tratando. Busque la grieta en el poder del otro, localice el talón de Aquiles. Si no hay tal grieta —si la fuerza y el poderío del enemigo son monolíticos— usted no tendrá nada que ganar y todo que perder al provocarlo. Elija con cuidado a quién tentará con su carnada, y nunca provoque a los tiburones. Por último, hay ocasiones en que un estallido de ira en el momento oportuno podrá favorecerlo, pero deberá tratarse de una ira prefabricada y estrictamente controlada. Eso le permitirá determinar con exactitud cómo y sobre quién caerá. Nunca provoque reacciones que a la larga puedan volverse contra usted. Y utilice esos estallidos con la menor frecuencia posible para tornarlos más intimidatorios y significativos. Ya se trate de una reacción con cuidado fingida o espontánea, si sus explosiones temperamentales se producen con demasiada frecuencia perderán su poder.
miércoles, 6 de febrero de 2019
¿Matarías a una persona para salvar a cinco? Este experimento pone a prueba el famoso dilema del tranvía en la vida real
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martes, 5 de febrero de 2019
Dentro de lo posible, no se debiera sentir animosidad contra nadie…
Hablar a una persona en tono irritado, demostrar odio a través de las palabras o la mirada, es un accionar innecesario: peligroso, tonto, ridículo y vulgar.
La ira o el odio nunca deberán demostrarse sino en lo que uno hace, y los sentimientos serán tanto más eficaces si se traducen en acción, ya que con ello se evita exhibirlos en cualquier otra forma. Solo los animales de sangre fría tienen mordeduras ponzoñosas.
ARTHUR SCHOPENHAUER, 1788-1860
lunes, 4 de febrero de 2019
El ciudadano y el forastero
Absher, la app que permite a los musulmanes de Arabia Saudí controlar la vida de sus mujeres
| El problema.Toda mujer en Arabia Saudí cuenta con un "wali", un guardián varón que tiene la potestad legal para controlar sus movimientos, sus finanzas o sus elecciones vitales.Los hombres determinan a qué países pueden viajar sus protegidas, si pueden o no iniciar una empresa o con quién deben contraer matrimonio.Absher permite a todo varón saudí añadir a una o más "personas ... magnet.xataka.com |
efecto nocebo
| El miedo a una enfermedad, o a su tratamiento, pueden agravar tanto los síntomas de la patología, como los efectos secundarios de la terapia www.webconsultas.com |
Mansart
Al principio de su carrera, se le encargó al arquitecto francés Jules Mansart,por orden del rey Luis XIV, diseñar varios pequeños agregados al palacio de Versailles. Mansart diseñó un plano detallado para cada una de esas obras,asegurándose de que el diseño observara con exactitud las indicaciones de Luis XIV. Luego se los presentó a Su Majestad.
El cortesano Saint-Simon describió la técnica de Mansart en su trato con el rey de la siguiente manera: «Su habilidad particular consistía en mostrar al rey planos que contenían alguna imperfección deliberada, a menudo relacionada con los jardines, que no eran la especialidad de Mansart. El rey, tal como Mansart esperaba, señalaba de inmediato el problema y proponía la solución correspondiente, ante lo cual Mansart exclamaba —en voz alta, para que todos lo oyeran— que él nunca habría descubierto el problema que el rey, en su genialidad, había detectado y resuelto. Demostraba de modo efusivo su admiración y afirmaba que, comparado con el rey, él no era sino un humilde discípulo». A los treinta años de edad, y después de haber utilizado esos métodos una y otra vez con el soberano, encargaron a Mansart un prestigioso trabajo: a pesar de que era menos talentoso y tenía menos experiencia que muchos otros de los grandes arquitectos franceses, se le encomendó la ampliación general del palacio de Versailles.
A partir de ese momento, Mansart fue el arquitecto del rey






