miércoles, 19 de febrero de 2020

RV: Personas tipo T o la personalidad renacentista, un perfil muy demandado




 

Personas tipo T o la personalidad renacentista, un perfil muy demandado

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5 diciembre, 2019

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

Las personas tipo T son aquellas que, aun siendo competentes en un área, son hábiles en muchas otras porque aplican la curiosidad y el deseo constante por seguir aprendiendo. Así, ante un mundo cada vez más complejo, este perfil es el más demandado.

Las personas tipo T están cada vez más demandadas en el mundo laboral. Perfilan un tipo de comportamiento y de enfoque personal de alto valor que está transformando el modo de trabajar, de abordar los desafíos cotidianos y de innovar en nuestras organizaciones. Se trata de personas especializadas en una materia, pero que al mismo tiempo saben diversificarse hasta el punto de ser muy hábiles en muchas otras funciones.

Hay quien los define irónicamente, como los «unicornios» de las grandes empresas. Ahora bien, es cierto que este término, el de las «personas tipo T », está en auge. Sin embargo, cabe señalar que la idea no es nueva, ni casual ni responde a una moda momentánea como suele ocurrir en esto de poner nombres curiosos a comportamientos determinados.

En realidad, las T-shaped skills o T-shaped persons fue una idea acuñada en los años 80 cuando en la empresa de consultoría McKinsey & Company buscaba empleados en forma de T. ¿Qué era exactamente lo que querían? Demandaban hombres y también mujeres con habilidades cruzadas. Es decir, querían personas muy especializadas en una materia en concreto y hábiles también en otras más generales.

La idea era reclutar un perfil que evidenciara formación en un área concreta (esto representaba el palo vertical de la letra T) y también que mostrara habilidades interdisciplinarias, como la  creatividad (simbolizado por la parte horizontal de la letra T). Este tipo de figuras tan singulares a la vez que versátiles fueron definidas más tarde por el mundo de la psicología empresarial como la personalidad renacentista.

Conozcamos más datos.

"Solo es útil el conocimiento que nos hace ser mejores".

-Sócrates-

Rostros representando las Personas tipo T

Personas tipo T o la personalidad renacentista, ¿cómo son?

Las personas tipo T no son ni mucho menos una rara avis de nuestra sociedad. Alguien que combina conocimientos específicos y generales no es un unicornio; es sencillamente, un hombre o una mujer que se ha formando en su especialidad, pero que posee a su vez una mente curiosa que le ha llevado a dominar muchas otras competencias.

Esa actitud abierta por el conocimiento, por ver el mundo en perspectiva y hacer uso de las intersecciones, de los puentes a la hora de crear, de resolver y de comunicar, conforman un auténtico capital humano en cualquier escenario.

Así, uno de los grandes impulsores en nuestra actualidad de este tipo de perfil es Tim Brown, CEO de la empresa IDEO y uno de los mayores referentes en materia de innovación y creatividad en el ámbito laboral.

Este mismo año ha publicado un libro titulado How Design Thinking Can Transform Organizations and Inspire Innovation, donde profundiza precisamente en esta misma temática. Es más, algo en lo que insiste con frecuencia es que el arte de innovar no requiere de la presencia de auténticos genios. En realidad, basta solo con ofrecer las condiciones idóneas para que la persona pueda liberar todo su potencial.

Porque, más allá de lo que podamos creer, uno no viene al mundo con la personalidad tipo T. Podemos, de alguna manera, adquirirla. Por tanto, conozcamos qué hace tan especial a este perfil.

La personalidad tipo T y la figura renacentista

Cuando hablamos de la persona del renacimiento es común que, casi al instante, nos venga Leonardo da Vinci a la mente. En este periodo histórico era común que una persona estuviera formada en múltiples disciplinas: pintura, arquitectura, música, poesía, ciencias… Si bien era cierto que a menudo recibían una formación bastante extensa, algo que definía sin duda a muchos de estos artistas era su curiosidad.

La curiosidad es lo que nos sitúa en posiciones de ventaja, una ventaja de la que disfruta la personalidad tipo T. Así, a su solvencia y habilidad en un área determinada (como por ejemplo ser maestro de matemáticas) se suman muchos más intereses y aptitudes. Ejemplos de estas últimas serían la pedagogía, la inteligencia emocional, la resolución de conflictos, la comunicación, la creatividad…

La línea horizontal de la «T» integra habilidades duras y blandas

Como hemos señalado al inicio, la línea vertical de la letra T, define a nuestras habilidades específicas. La horizontal, por su parte, representa a las generales y, es en esta esfera donde pueden entrar desde las habilidades blandas (de comunicación, sociales, psicológicas, etc) y también las duras (destrezas técnicas).

Por tanto, cuanto más amplia sea la línea horizontal mucho mejor. La personalidad tipo T se define también por alguien que no deja de ampliar sus conocimientos, de aprender cosas e integrar nuevas competencias.

círculos representando las Personas tipo T

El generalista especializado, el perfil idóneo para un mundo complejo

La persona T es un profesional especializado con habilidades generales. Es alguien capaz de profundizar en una valía específica, pero que a su vez se mueve bien en otros ámbitos, en otros escenarios y ante múltiples demandas. Alguien así se alza sin duda como capital humano para cualquier empresa e institución social, y lo es porque, como bien sabemos, nuestro mundo es cada vez más complejo.

Quien no sea capaz de reaccionar ante los desafíos se estanca, quien aplique siempre un mismo enfoque para realizar sus tareas se oxida, no innova y no avanza. Ser polivalentes nos obliga a reciclarnos cada poco tiempo, y algo así no demanda solo que seamos curiosos o que tengamos una buena actitud.

Lo que necesitamos también son medios, recursos (tanto económicos como sociales), porque si no se dan las condiciones adecuadas, no surgen las personas extraordinarias. Por tanto, que salgan a la luz cada vez más personas con este perfil depende de muchas cosas; en especial de que todos nosotros aunemos voluntades y esfuerzos.

Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría  (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

Source: https://lamenteesmaravillosa.com/personas-tipo-t-personalidad-renacentista-un-perfil-muy-demandado/

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Personas tipo T o la personalidad renacentista, un perfil muy demandado

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5 diciembre, 2019

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

Las personas tipo T son aquellas que, aun siendo competentes en un área, son hábiles en muchas otras porque aplican la curiosidad y el deseo constante por seguir aprendiendo. Así, ante un mundo cada vez más complejo, este perfil es el más demandado.

Las personas tipo T están cada vez más demandadas en el mundo laboral. Perfilan un tipo de comportamiento y de enfoque personal de alto valor que está transformando el modo de trabajar, de abordar los desafíos cotidianos y de innovar en nuestras organizaciones. Se trata de personas especializadas en una materia, pero que al mismo tiempo saben diversificarse hasta el punto de ser muy hábiles en muchas otras funciones.

Hay quien los define irónicamente, como los «unicornios» de las grandes empresas. Ahora bien, es cierto que este término, el de las «personas tipo T », está en auge. Sin embargo, cabe señalar que la idea no es nueva, ni casual ni responde a una moda momentánea como suele ocurrir en esto de poner nombres curiosos a comportamientos determinados.

En realidad, las T-shaped skills o T-shaped persons fue una idea acuñada en los años 80 cuando en la empresa de consultoría McKinsey & Company buscaba empleados en forma de T. ¿Qué era exactamente lo que querían? Demandaban hombres y también mujeres con habilidades cruzadas. Es decir, querían personas muy especializadas en una materia en concreto y hábiles también en otras más generales.

La idea era reclutar un perfil que evidenciara formación en un área concreta (esto representaba el palo vertical de la letra T) y también que mostrara habilidades interdisciplinarias, como la  creatividad (simbolizado por la parte horizontal de la letra T). Este tipo de figuras tan singulares a la vez que versátiles fueron definidas más tarde por el mundo de la psicología empresarial como la personalidad renacentista.

Conozcamos más datos.

"Solo es útil el conocimiento que nos hace ser mejores".

-Sócrates-

Rostros representando las Personas tipo T

Personas tipo T o la personalidad renacentista, ¿cómo son?

Las personas tipo T no son ni mucho menos una rara avis de nuestra sociedad. Alguien que combina conocimientos específicos y generales no es un unicornio; es sencillamente, un hombre o una mujer que se ha formando en su especialidad, pero que posee a su vez una mente curiosa que le ha llevado a dominar muchas otras competencias.

Esa actitud abierta por el conocimiento, por ver el mundo en perspectiva y hacer uso de las intersecciones, de los puentes a la hora de crear, de resolver y de comunicar, conforman un auténtico capital humano en cualquier escenario.

Así, uno de los grandes impulsores en nuestra actualidad de este tipo de perfil es Tim Brown, CEO de la empresa IDEO y uno de los mayores referentes en materia de innovación y creatividad en el ámbito laboral.

Este mismo año ha publicado un libro titulado How Design Thinking Can Transform Organizations and Inspire Innovation, donde profundiza precisamente en esta misma temática. Es más, algo en lo que insiste con frecuencia es que el arte de innovar no requiere de la presencia de auténticos genios. En realidad, basta solo con ofrecer las condiciones idóneas para que la persona pueda liberar todo su potencial.

Porque, más allá de lo que podamos creer, uno no viene al mundo con la personalidad tipo T. Podemos, de alguna manera, adquirirla. Por tanto, conozcamos qué hace tan especial a este perfil.

La personalidad tipo T y la figura renacentista

Cuando hablamos de la persona del renacimiento es común que, casi al instante, nos venga Leonardo da Vinci a la mente. En este periodo histórico era común que una persona estuviera formada en múltiples disciplinas: pintura, arquitectura, música, poesía, ciencias… Si bien era cierto que a menudo recibían una formación bastante extensa, algo que definía sin duda a muchos de estos artistas era su curiosidad.

La curiosidad es lo que nos sitúa en posiciones de ventaja, una ventaja de la que disfruta la personalidad tipo T. Así, a su solvencia y habilidad en un área determinada (como por ejemplo ser maestro de matemáticas) se suman muchos más intereses y aptitudes. Ejemplos de estas últimas serían la pedagogía, la inteligencia emocional, la resolución de conflictos, la comunicación, la creatividad…

La línea horizontal de la «T» integra habilidades duras y blandas

Como hemos señalado al inicio, la línea vertical de la letra T, define a nuestras habilidades específicas. La horizontal, por su parte, representa a las generales y, es en esta esfera donde pueden entrar desde las habilidades blandas (de comunicación, sociales, psicológicas, etc) y también las duras (destrezas técnicas).

Por tanto, cuanto más amplia sea la línea horizontal mucho mejor. La personalidad tipo T se define también por alguien que no deja de ampliar sus conocimientos, de aprender cosas e integrar nuevas competencias.

círculos representando las Personas tipo T

El generalista especializado, el perfil idóneo para un mundo complejo

La persona T es un profesional especializado con habilidades generales. Es alguien capaz de profundizar en una valía específica, pero que a su vez se mueve bien en otros ámbitos, en otros escenarios y ante múltiples demandas. Alguien así se alza sin duda como capital humano para cualquier empresa e institución social, y lo es porque, como bien sabemos, nuestro mundo es cada vez más complejo.

Quien no sea capaz de reaccionar ante los desafíos se estanca, quien aplique siempre un mismo enfoque para realizar sus tareas se oxida, no innova y no avanza. Ser polivalentes nos obliga a reciclarnos cada poco tiempo, y algo así no demanda solo que seamos curiosos o que tengamos una buena actitud.

Lo que necesitamos también son medios, recursos (tanto económicos como sociales), porque si no se dan las condiciones adecuadas, no surgen las personas extraordinarias. Por tanto, que salgan a la luz cada vez más personas con este perfil depende de muchas cosas; en especial de que todos nosotros aunemos voluntades y esfuerzos.

Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría  (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

Source: https://lamenteesmaravillosa.com/personas-tipo-t-personalidad-renacentista-un-perfil-muy-demandado/

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RV: Que no le engañen: el fracaso no es la llave del éxito


 

Que no le engañen: el fracaso no es la llave del éxito

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Lo más peligroso de este discurso es que con el happy failure (fracaso feliz) se invisibilizan las razones del fracaso de los verdaderos perdedores de la sociedad, de los colectivos estigmatizados que no pueden permitirse la retórica del #fracasamejor. (Shutterstock)

El fracaso cotiza al alza. El discurso exitoso sobre el fracaso nos dice que hay que fracasar primero para poder conseguir después nuestros objetivos. Desde los espacios de producción simbólica más autorizados nos bombardean cotidianamente diciendo que fracasar es algo bueno y que constituye una oportunidad, ya que de ahí surgen lecciones de vida que no obtendríamos de otro modo. Escuchamos por todas partes que la clave del éxito es el fracaso y que tocar fondo es necesario para alcanzar el cielo del éxito. Pero como Aristóteles decía del ser, el fracaso se dice de muchas maneras.

Hagamos un ejercicio comparativo imaginario. Pensemos en David, que estudia ADE y ha creado una start-up. Vive en un barrio repleto de colegios privados, con una tasa de abandono escolar del 4 % y la renta de su familia es 150 000 euros anuales. Supongamos que la innovadora empresa de David no funciona y pierde todo el dinero invertido. Una ocasión propicia para decir, como la tan popular cita de Beckett: "Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor".

Pensemos ahora en Luis, que vive en un barrio en el que sólo hay colegios públicos con recursos insuficientes, con una tasa de abandono escolar del 45 %. La renta de su familia es de 15 000 euros anuales. A Luis, que lleva encadenando trabajos precarios varios años, no le renuevan el contrato temporal en la empresa de reparto en la que lleva unos meses. Es la tercera vez que le ocurre algo parecido y ha estado más tiempo en el paro que trabajando. ¿Sigue siendo propicia la ocasión para citar a Beckett?

El discurso exitoso sobre el fracaso considera el fracaso desde una perspectiva individual. Se dice que quien fracasa al menos lo ha intentado, y que quien lo ha intentado ya ha logrado algo. El intento ya es de por sí meritorio, un éxito en algún sentido.

Pero siempre es un individuo quien lo intenta y quien fracasa. Basta con teclear "fracaso" en cualquier banco de imágenes para percatarse de que el fracaso es el del individuo. Quien fracasa es alguien en su soledad.

Ahora bien, esta retórica del fracaso olvida las circunstancias sociales y sociológicas desde donde se fracasa. Los "posibles" de David y de Luis son muy diferentes. Probablemente Luis jamás esté en condiciones de fundar una start-up. No tiene el capital económico, cultural y social de la familia de David. No tiene el dinero, ni los conocimientos sobre el funcionamiento de una empresa, ni la "familiaridad" y el "saber tratar" adecuado con el que seducir a eventuales inversores. Sus "posibles" son muy diferentes. Sus fracasos, también.

Basta con teclear "fracaso" en cualquier banco de imágenes para percatarse de que el fracaso es el del individuo. Quien fracasa es alguien en su soledad.

Cambiar la retórica del fracaso

Fracasar se dice de muchas maneras, pero quizá necesitemos mayúsculas más grandes para que quede grabado a fuego que el discurso del fracaso motivacional funciona… siempre que se pueda fracasar.

A la postre, todo es una cuestión de posibles. Tener la capacidad de fracasar una, dos o tres veces y seguir perteneciendo al mismo y exitoso grupo social de referencia, eso sí es un éxito, a pesar de que se camufle tras la máscara de la retórica del fracaso.

Pierre Bourdieu, en su descripción de las clases económicamente dominantes, dice que para ellos es el dinero heredado lo que les garantiza la libertad respecto al dinero. Del mismo modo podemos decir que en los partidarios del fracaso retórico es el éxito (heredado) lo que les garantiza la libertad respecto del fracaso real. Por eso pueden fracasar, e incluso fracasar mejor.

Lo más peligroso de este discurso es que con el happy failure (fracaso feliz) se invisibilizan las razones del fracaso de los verdaderos perdedores de la sociedad, de los colectivos estigmatizados que no pueden permitirse la retórica del #fracasamejor. Colectivos que por cuestiones de género, raza, clase o condición sexual viven de antemano en una situación marginal, "fracasada" en algún sentido y lejos de esos "posibles" o de esas formas del capital económico, cultural o social. Colectivos a quienes la retórica del fracaso mantiene en el fracaso material en el que están y les condena a reproducirlo, pues se nos dice que quien no ha tenido éxito es porque no lo ha querido con las fuerzas necesarias, porque no ha fracasado lo suficiente.

Como se ve, la retórica del fracaso no solamente pretende explicar las desigualdades, sino que además las justifica en el orden simbólico: el verdadero fracasado sería quien no ha querido lo suficiente, no quien difícilmente podía.

Ante tal situación, hay dos posibles salidas: o bien universalizar las condiciones materiales que permitan disfrutar de la retórica del fracaso, o bien detectar las razones de la reproducción social del fracaso y denunciarlas. Y una de ellas es la propia retórica del fracaso. ¿#fracasamejor? No, gracias.

Por Eduardo Zazo Jimenez, Profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Autónoma de Madrid

Source: https://www.infobae.com/america/mundo/2019/11/28/que-no-le-enganen-el-fracaso-no-es-la-llave-del-exito/

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RV: Innovación no lineal: personas que alcanzan el éxito tras fracasar


Asunto: Innovación no lineal: personas que alcanzan el éxito tras fracasar
 

Innovación no lineal: personas que alcanzan el éxito tras fracasar

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La innovación no lineal perfila un hecho latente: los éxitos no suelen ser producto de avances constantes, de ahí que hablemos de innovación no lineal. Es decir, casi todo logro tiene su paso atrás, su retroceso, su error e incluso, por qué no decirlo, su fracaso. De ahí que debamos asumir que a veces, caer o equivocarnos no es más que un modo de tomar impulso y, por su puesto, aprender.

Entender que alcanzar una meta, conseguir un sueño o incluso posicionarse profesionalmente en un mercado responde a menudo a un orden inverso, y no directo, puede sernos de gran ayuda. Lo es porque si hay algo que nos han inculcado es aquello de que todo esfuerzo trae su resultado. Aún más, que quien vale triunfa y quienes aplican la creatividad y la originalidad terminan teniendo éxito.

Sabemos que estas reglas de tres no siempre se cumplen. Sin embargo, la innovación no lineal nos permite entender que a los mejores logros se han alimentado de intentos fallidos, también de desilusiones y más de un acto precipitado y poco reflexivo. Así, solo quien aprende de sus caídas, solo los que se permiten obtener buenas lecciones de sus ciclos de retroceso y fracaso logran tarde o temprano avanzar de verdad.

Profundicemos un poco más en esta idea.

«El 90% del éxito se basa simplemente en insistir».

-Woody Allen-

Innovación no lineal, ¿en qué consiste?

Si Isaac Newton fue un estudiante mediocre del que casi nadie esperaba nada. Walt Disney fue despedido del periódico en el que trabajaba porque, según señaló el director, carecía de ideas e imaginación. Cuando Fred Astaire acudía a las audiciones en busca de un papel, nadie se fijaba en él: era calvo, poco atractivo y no sabía cantar. Podríamos llenar páginas con historias vitales de figuras de nuestra historia que solo alcanzaron el éxito después del fracaso o rechazo.

Entre ellos, vale la pena recordar el caso de Thomas Alva Edison. Después de realizar muchos intentos para conseguir que una bombilla diera luz, sus ayudantes le preguntaron si no era momento de centrarse en otro objetivo. Ante esa sugerencia, Edison respondió que en cada uno de esos mil intentos había descubierto una razón por la que su idea no funcionaba… Hasta que lo hizo, hasta que la innovación no lineal obró el milagro.

¿En qué consiste por tanto la innovación no lineal?

Hombre eligiendo su representando la innovación no lineal

Innovar es construir y «deconstruir» aprender y desaprender

Definimos innovar como ese proceso mediante el cual generamos algo nuevo al modificar o transformar una dimensión ya existente. Por tanto, nada de lo que uno crea, produce o ofrece es realmente nuevo, se parte siempre de algo existente para generar otra cosa alternativa que supera a lo que ya tenemos.

Por otro lado, algo interesante que vale la pena tener en cuenta, es que la innovación rara vez es lineal. Es decir, toda creación tiene retrocesos y pasos atrás que son decisivos. Por tanto, para innovar hay que desaprender, es decir, romper muchos de nuestros esquemas preconcebidos y enfoques dados por válidos para reformularnos nuevamente.

Un reto como este demanda de nosotros una elevada flexibilidad mental.

Ser una fuente o ser estanque

Hay un estudio realmente interesante sobre la innovación que vale la pena tener en cuenta. Se trata de un trabajo realizado por el doctor Michael West, de la Universidad de Aston (Reino Unido). En él se nos sugiere la siguiente idea ¿y tú qué prefieres ser una fuente chispeante y llena de ideas o un estanque con agua estancada e infectada? Esta metáfora sugiere dos ideas. La primera, que la innovación requiere movimiento y un continuo reciclaje. Es avanzar, retroceder, transformar, desechar y crear.

Por contra, los estanques hacen referencia a las mentes y organizaciones que evitan el cambio, que persisten en las mismas ideas, que no avanzan ni retroceden porque están, efectivamente, estancadas.

chico al lado de bombillas simbolizando la innovación no lineal

La innovación no lineal y la innovación inversa

La innovación no lineal nos recuerda la importancia de aprender de nuestros fracasos para avanzar con mayor competencia. Ahora bien, existe otro concepto que también nos puede ser de ayuda en este contexto creativo: se trata de la innovación inversa. Este concepto hace referencia a una idea acuñada por los profesores Dartmouth Vijay y Chris Trimble, de la Harvard Business School.

Este término se aplica a la economía actual y entraña un enfoque muy llamativo. Así, una costumbre habitual en las empresas a la hora de sacar nuevos productos al mercado es lanzarlos a bajo coste en primer lugar en los países emergentes como la India o Turquía.

Una vez «testados» en estos escenarios, se estudia el impacto y el rendimiento. Si fracasan, se desechan. Si van bien se producen en masa ya hacia los grandes mercados occidentales a mayor precio bajo la etiqueta de «producto innovador», cuando en realidad, no lo son. Con este ejemplo (controvertido, sin duda) descubrimos un factor más sobre la propia innovación.

En realidad, muchos éxitos tienen detrás un largo proceso de ensayo y error. La innovación no lineal nos recuerda que nuestro avance casi nunca refleja una progresión lineal en la realidad. Vale la pena tenerlo presente.

Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría  (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

Valeria Sabater ha trabajado en el área de la psicología social seleccionando y formando personal. A partir del 2008 ejerce como formadora de psicología e inteligencia emocional en centros de secundaria y ofrece apoyo psicopedagógico a niños con problemas del desarrollo y aprendizaje. Además, es escritora y cuenta con diversos premios literarios.

Source: https://lamenteesmaravillosa.com/innovacion-no-lineal-personas-que-alcanzan-el-exito-tras-fracasar/

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